Los problemas de la periodización inversa en el entrenamiento de resistencia
Durante los últimos años, la periodización inversa ha ganado cierta popularidad en el entrenamiento de resistencia, especialmente tras el éxito del equipo Sky (ahora Ineos) durante las victorias en el Tour de Francia y tras afirmar que la clave de su éxito estaba en este modelo de periodización. Sin embargo, pese a su atractivo conceptual, esta estrategia presenta una serie de limitaciones fisiológicas, metodológicas y de transferencia al rendimiento que merecen un análisis crítico.
Qué es la periodización inversaLa periodización inversa se caracteriza por invertir el orden clásico de desarrollo de las capacidades, comenzando con fases de alta intensidad y bajo volumen, para posteriormente incrementar el volumen y reducir la intensidad conforme se aproxima la competición (Issurin, 2010). Es decir, en lugar de construir primero una base aeróbica y luego afinar la forma con entrenamiento de umbral, VO₂max o potencia anaeróbica, se invierte la secuencia.
El objetivo teórico es mantener o mejorar la capacidad de generar potencia o velocidad en etapas tempranas, aprovechando posteriormente el aumento de volumen para mejorar la resistencia a la fatiga. Sin embargo, esta lógica no siempre se corresponde con la fisiología del entrenamiento.
Conflicto con los principios de la adaptación fisiológica
Uno de los principales problemas de la periodización inversa es su incompatibilidad con los principios de progresión y especificidad de la carga. La mejora de la capacidad aeróbica y del metabolismo oxidativo requiere una acumulación progresiva de trabajo submáximo, sostenido durante semanas, para inducir adaptaciones mitocondriales, capilares y enzimáticas.
Comenzar una temporada con altos niveles de intensidad sin una base aeróbica previa puede comprometer la tolerancia al entrenamiento, aumentar la fatiga residual y reducir la capacidad de asimilación de cargas posteriores. Además, el estímulo de alta intensidad se agota rápidamente si no está sustentado por una base sólida (Seiler & Tønnessen, 2009).
En resumen, sin una adecuada “plataforma aeróbica”, el organismo carece de la infraestructura fisiológica necesaria para sostener la calidad del entrenamiento intenso.
Problemas de sostenibilidad y riesgo de sobrecargaEl entrenamiento de alta intensidad incrementa el estrés simpático, la producción de catecolaminas y el riesgo de sobrecarga del sistema nervioso central (Meeusen et al., 2013). Si este tipo de estímulo se aplica en etapas iniciales, cuando la tolerancia del deportista aún no se ha consolidado tras el descanso invernal, el riesgo de sobreentrenamiento y lesiones aumenta significativamente.
Además, la carga mecánica de sesiones HIIT (alta intensidad intermitente) o de trabajo supramáximo no siempre es compatible con los procesos de readaptación estructural que ocurren tras periodos de menor carga. En disciplinas cíclicas como el ciclismo o la carrera, donde la integridad tendinosa y muscular es crítica, esto puede derivar en disfunciones biomecánicas o microlesiones recurrentes (Laursen & Jenkins, 2002).
Menor desarrollo de la eficiencia metabólicaLa eficiencia metabólica se relaciona con la capacidad de utilizar grasas como fuente principal de energía a intensidades submáximas, un componente clave del rendimiento en pruebas de resistencia prolongadas. La investigación muestra que este tipo de adaptación requiere entrenamiento de baja intensidad y alto volumen (Achten & Jeukendrup, 2004; San-Millán & Brooks, 2018).
Por tanto, los programas basados en periodización inversa suelen comprometer el desarrollo de la economía de esfuerzo, la eficiencia de oxidación lipídica y la capacidad de sostener intensidades próximas al umbral aeróbico, lo que puede limitar el rendimiento en eventos de larga duración.
Transferencia específica limitadaOtro de los argumentos críticos es la falta de especificidad temporal. En la mayoría de las disciplinas de resistencia, la competición se desarrolla en intensidades cercanas al segundo umbral (LT2). Sin embargo, el entrenamiento de alta intensidad inicial mejora el consumo máximo de oxígeno (VO₂max) y la potencia pico, no la tolerancia al esfuerzo prolongado.
Cuando el volumen se incrementa en fases posteriores, suele hacerse a intensidades relativamente bajas, lo que no favorece la transferencia directa a las demandas competitivas específicas. En consecuencia, el pico de forma tiende a alcanzarse prematuramente, dificultando la planificación de un rendimiento óptimo en la fecha deseada.
Evidencia científica mixtaAunque algunos estudios han mostrado beneficios puntuales de la periodización inversa en nadadores o corredores de medio fondo (Rønnestad et al., 2014), la mayoría de la evidencia apunta a resultados equivalentes o inferiores respecto a modelos tradicionales o de tipo ondulado. Mujika et al. (2016) destacan que los efectos positivos dependen en gran medida del nivel del atleta, la duración del macrociclo y el tipo de disciplina.
En deportistas altamente entrenados, las adaptaciones rápidas de la periodización inversa suelen ser transitorias, mientras que las pérdidas de capacidad aeróbica son más difíciles de recuperar.
Por lo tanto, podemos concluir que el éxito del team Sky en su momento no se debe a este modelo de periodización, ya que la ciencia demuestra que es menos efectivo que otros modelos. De hecho, tras el éxito en los últimos años de Tadej Pogacar hemos vuelto a la popularización de un modelo tradicional, dado que Íñigo San Millán, quien lo entrenaba cuando ganó sus dos primeros Tour de Francia, es un gran defensor de la zona 2 y es por ello por lo que ahora está tan de moda.
Referencias
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Achten, J., & Jeukendrup, A. E. (2004). Optimizing fat oxidation through exercise and diet. Nutrition, 20(7–8), 716–727.
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Bishop, D. J., Granata, C., & Eynon, N. (2019). Can we optimize the exercise training prescription to maximize improvements in mitochondria function and content? Journal of Physiology, 597(16), 4175–4188.
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Holloszy, J. O., & Coyle, E. F. (1984). Adaptations of skeletal muscle to endurance exercise and their metabolic consequences. Journal of Applied Physiology, 56(4), 831–838.
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Impellizzeri, F. M., Marcora, S. M., & Coutts, A. J. (2019). Internal and external training load: 15 years on. International Journal of Sports Physiology and Performance, 14(2), 270–273.
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Issurin, V. B. (2010). New horizons for the methodology and physiology of training periodization. Sports Medicine, 40(3), 189–206.
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Jones, A. M., & Carter, H. (2000). The effect of endurance training on parameters of aerobic fitness. Sports Medicine, 29(6), 373–386.
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Laursen, P. B., & Jenkins, D. G. (2002). The scientific basis for high-intensity interval training: Optimising training programmes and maximising performance in highly trained endurance athletes. Sports Medicine, 32(1), 53–73.
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Meeusen, R., et al. (2013). Prevention, diagnosis and treatment of the overtraining syndrome. European Journal of Sport Science, 13(1), 1–24.
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Mujika, I., et al. (2016). Endurance training and detraining in elite athletes: physiological and performance consequences. Sports Medicine, 46(3), 367–390.
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Rønnestad, B. R., Hansen, J., & Ellefsen, S. (2014). Block periodization of high-intensity aerobic intervals provides superior training effects in trained cyclists. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 24(1), 34–42.
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San-Millán, I., & Brooks, G. A. (2018). Assessment of metabolic flexibility by measuring lactate clearance and fat oxidation in athletes. Sports Medicine, 48(2), 467–477.
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Seiler, S., & Tønnessen, E. (2009). Intervals, thresholds, and long slow distance: the role of intensity and duration in endurance training. Sportscience, 13, 32–53.

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